Comenzaré con un par de aclaraciones: no soy un experto en fútbol Americano y no tengo la intención de poner a nadie en un pedestal. Pero, cuando veo a los Sea Hawks regresando al Super Bowl por segundo año consecutivo, obteniendo una sorprendente victoria contra los Packers, lo hago a través de la lente del karma del yoga, el yoga del hacer desde un lugar del ser.

Russell Wilson y Jermaine Kearse, a pesar de que tienen una actuación terrible durante todo el juego y cuando todo parecía perdido, tienen la gracia de hacer jugadas claves, en el momento preciso. Pero no hay necesidad de elevarlos al estado de semi dioses, son profesionales altamente remunerados y seres humanos como usted y yo, con sus propias deficiencias, aunque podemos aprender mucho del comportamiento que ambos exhibieron en el campo bajo una inmensa presión.

Russell Wilson fue un gran ejemplo de estar enfocado en el presente con lo que se tiene, incluyendo jugar muy mal durante casi todo el tiempo regular. Seguía mostrándose plenamente en el momento presente con confianza, disciplina y compromiso. Cada atleta profesional, sin mencionar a un mariscal de élite como Russell, es un competidor y está entrenado para no darse por vencido. Eso es lo que se espera de un profesional y se da por hecho a este nivel de jugadores. El tercer chacra de estos atletas está completamente formado y fortalecido, a veces demasiado. Lo que me pareció notable y clave en los minutos finales fue que Russell no cediera a la voz oscura que seguramente estaba detrás de su cabeza  diciéndole como un grito sobre la multitud silenciada: “¡tú juego es de lo peor! ¡Esto es el fin! ¡Se acabó! ¡Le estas fallando a tu equipo y a tu ciudad!”

¡Me di cuenta de que nuestro mariscal de campo estaba practicando yoga ante nuestros ojos!

Lo que estaba viendo era la encarnación de un yogui bailando en el fuego de la vida mientras mantenía su espacio interior lo más calmado y vasto posible. Era un profesional de élite que funcionaba mal bajo una increíble presión, pagado para no rendirse pero practicando no ceder a pensamientos, sentimientos y emociones negativos. Su enfoque, intención y energía estaban dirigidas a mantener su ser interior limpio y actuar desde ese lugar de calma, equilibrio y ecuanimidad sin importar lo que sucediera a su alrededor. ¡Eso es yoga! Eso es lo que cultivamos en la shala y fuera de la shala como karma yogui. ¡El Bhagavad Gita podría haber sido ese jugador de los Halcones Marinos!

Obviamente, las cualidades de mostrarse en total apego a nuestro deber sagrado totalmente, sin prejuicios y sin apego son contagiosas. El equipo finalmente y como por milagro, comenzó a alimentarse de esa energía y jugó con valentía y sin miedo cuando fue preciso. Con dos minutos para que se terminara el juego, los milagros comenzaron a sucedes.

Después de lanzar algunos pases clave al principio de la jugada, Kearse le puso la cereza al pastel con una gran atrapada y un touchdown ganador. Los pases que recibía de parte de su mariscal de campo estaban apuntalando incesantemente ese vínculo de confianza inquebrantable que finalmente le permitió a Kearse alzar sus anclas, elevar sus velas y atrapar el viento de la gracia, justo al final del juego. ¡Y qué atrapada fue! Todos podemos obtener inspiración de esas cualidades para formar nuestros comportamientos en nuestra vida diaria y traer la esencia del yoga con nosotros en el trabajo, en la familia, con nuestros amigos y comunidades. Todo comienza con la práctica.

No fue una sorpresa que los Seahawks hicieran del yoga y la meditación práctica oficial de sus entrenamientos. Ellos lo hicieron, ¿usted lo haría?

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